Ayer, cuando daba una vuelta por mi "hiper" de urgencia, buscando manzanas para Madonna, golosinas para Willy y Harry y unos tomates raf para mí, vine a pasar por delante de la pescadería en cuyos mostradores se exhibían unos gambones que competían en tamaño con las merluzas (exagerado que es uno) y en precio con las sardinas.
Compro media docena, que pesan 350 gr.
Ya sabía cómo los iba a preparar, que para eso no se precisa ser profeta. Me esmeraría en una receta que hace ya mucho tiempo ví hacer en el "canal cocina" cuyo contenido tengo archivado en la memoria. Está pensada para gambas; pero hecha con gambones (langostino austral) queda para chuparse los dedos.
Literalmente.
Aunque tienen que ir muy bien acompañados de una cervecita fresca, opté por una copita de mosto del Aljarafe bien frío que compré en Sevilla hace unos días.

Vamos a ello:
Media docena de gambones gordos y hermosos.
Tres dientes de ajo en láminas.
6 cucharadas de coñá (brandy).
6 cucharadas de aceite de oliva.
2 cucharadas de perejil picado.
Un buen pellizco de sal.
Un pan hecho "barquitos" (imprescindible).
Sigamos:
En una fuente apta para horno colocamos artísticamente los gambones. Echamos por encima las láminas de ajo, el aceite, el coñá, el perejil y la sal. Dejamos reposar pacientemente.
Precalentemos el horno a 200ºC, metemos los gambones y vigilamos atentamente hasta que adquieran un colorcito rosa-anaranjado de estar en su punto. Se comprueba porque la parte del final de la cabeza (las agallas) se vuelven transparentes. El alcohol debe haberse evaporado por completo.

Como hay quien está en plena dieta de adelgazamiento, solo echó un barquito de pan en la salsa, el resto me lo comí yo.