Picado por la curiosidad, esta primavera aparté de los garbanzos
remojados para un cocido un puñadito y los sembré con la intención de hacer un
experimento: Ver qué pasa si en vez de garbanzos secos, el guiso se hace con
los garbanzos todavía verdes.
Salieron seis u ocho plantones y a mediados de Junio recogí la cosecha.
Medio kilo escaso de garbanzos verdes.
Lo primero, extraer las semillas de sus vainas. Arduo trabajo donde los
haya, las vainas son tan duras que hacen daño en los dedos y hay que abrirlas
del todo porque si no, no sale el grano. No me extraña que no se encuentren
garbanzos verdes en el mercado, saldrían a millón el kilo.
No hay que asustarse, comemos las habas, las judías o los guisantes
verdes, también las pochas son judías antes del proceso de secado. En cuanto al
sabor, me recordaba vagamente al de los pistachos.
¿Cómo guisarlos? Consulté en Internet y solamente encontré tres
referencias por lo que me hice mis propias reflexiones: Si son garbanzos, cabe
el cocido y por verdes, los mismos guisos que para las habas o los guisantes.
Así que preparé una especie de cocido con unos cuantos y con el resto un
salteado con chorizo y panceta.
Tuve que cocerlos por espacio de una hora para que estuviesen tiernos y
aún así habrían resistido un poco más de cocción.
Preparé un cocidito normal, de tres vuelcos, con un pedazo de carne de
ternera, otro de panceta, un hilo de chorizo y un hueso de jamón. Una hora de
cocción para el caldo y otra hora más con los garbanzos.
Lo serví en tres cuencos, uno con el caldo, otro con unos garbanzos y
las carnes (la pringá que diría mi abuela) en el tercero.
No tiene nada de especial, lo reconozco, solamente la originalidad y
vistosidad de los garbanzos verdes.
Para el año que viene, sembraré algunos más, haré más pruebas y
congelaré algunos. Para el invierno.