Mientras tanto -esto pretende ser un blog de gastronomía- voy a ver si os sugiero una recetita única para una buena tapa. Ya la dejé asomar en Facebook hace un par de meses con la promesa de su publicación en el blog.
Lo titulo "carpaccio", aunque sería más preciso llamarlo "cebiche" por tratarse de un marisco y por utilizar el ácido de los cítricos para el marinado. En todo caso se trata de una simple tapa y no de un plato de fondo.
Se están extendiendo las alergias por el anisakis, por lo que recomiendo congelar cualquier pescado o marisco que se pretenda comer crudo. En este caso el consejo sobra, ya que los langostinos eran congelados (y traídos de Portugal). Dicen.... que es debido a la moda de la cocina japonesa, aunque nuestra tradición de los boquerones en vinagre o las ostras crudas, o las conchas finas.... no son del todo ajenas a este problema. Y me fastidia, porque yo disfruto con ellas.
Bueno; pues esta es una de esas tapas que tardan más tiempo en ser elaboradas que en consumirse, y merecen la pena:
Descongelar los langostinos lentamente durante toda la noche. Deben ser langostinos grandes, hermosos. Quitarles la cáscara, la cabeza y la tripa.
Con un cuchillo bien afilado hacer láminas lo más finas posible.
Cubrir con jugo de lima y dejar reposar diez minutos o hasta que el tono transparente habitual, se torne blanco y el exterior tome reflejos anaranjados. (Vamos, cuando estén "cocidos")
Secar con papel de cocina o con un paño e ir colocando los filetitos en un plato o en una bandeja, regar con un chorrito de aceite de oliva, un poquito de vinagre de Módena y un cebollino muy picado.
Unas escamas de sal Maldón y listo para comer.
Se trata de disfrutar de otro sabor y otra textura; pero con el regusto de los langostinos de siempre.
No os los perdáis.


