En los tiempos de Maricastaña, siendo yo un imberbe mozalbete, era habitual que al comprar carne de ternera la encontrases algo dura, bastante dura, bien porque no era ternera, o porque estaba mal cortada, o porque no tenía suficiente reposo y había que consultar el recetario de la bisabuela a ver qué soluciones tenía al respecto. Lo cierto es que ví cientos de veces como había que recurrir a la receta y en no pocas ocasiones he tenido que hacerlo yo mismo.
En cierta ocasión, hará unos veinte años, teníamos invitados a unos amigos para comer en casa y habíamos comprado al carnicero del pueblo unos filetes supuestamente de ternera con la intención de hacerlos a la plancha; pero una vez en casa, al verlos más despacio, desistimos de nuestra primera intención y recurrimos a la receta de la bisabuela. Gustaron, y mucho.
En la sobremesa comentábamos el episodio y dije que se llamaban "filetes al ajillo".
"Valentín, por favor -Me dijo Manolo- hay que hacer de la necesidad virtud y darles un nombre sonoro y que los haga dignos de un restaurante de cinco tenedores. Los vamos a llamar "Escalopines al vino bianco" ¿Qué te parece?".
"Escalopines al vino blanco -reflexioné- suena bien".
"No -fue su respuesta- he dicho al VINO BIANCO".
Y con ese nombre se quedó "Escalopines al vino bianco". Así que si lo buscáis en el recetario de la bisabuela, allí viene con otro nombre.
Hace unos días había comprado una bandeja con tres filetes para el fin de semana. Tratándose de dos comensales, debería haber sobrado; pero se sumaron a la comida mi hermana y mi cuñado, con lo cual era francamente escasa. Tiré de ingenio y receta de la bisabuela y preparé los escalopines.
Necesitamos:
Escalopes: Filetitos de ternera cortados muy finos o aplastados con el mazo. (180 gr. p/p o 1 Kg. para 6 personas).
8 ó 10 dientes de ajo.
1/2 vaso de aceite de oliva.
1/4 l. de vino blanco. (un oloroso va de miedo).
1/4 l. de caldo de cocido.
Un pellizco de sal.
Una sartén, una cazuela y un plato hondo. Papel absorvente de cocina.
Se hace tal que así:
Pedir por favor al carnicero que haga los filetes finitos, de lo contrario habrá que "afinarlos" a golpe de maza.
Pelar y filetear los ajos.
Poner la sartén al fuego con el aceite, cuando esté caliente, confitar en él los ajos a fuego muy suave. Cuando estén casi dorados, sacarlos con una espumadera y depositarlos sobre papel de cocina. Deben quedar dorados y crujientes. Digo "casi" porque después de sacarlos continuarán haciéndose con el calor residual.
Verter el aceite en el plato hondo. Volver a colocar la sartén al fuego.
Ir pasando los escalopines uno a uno por el aceite y ponerlos por tandas en la sartén. Solamente tienen que perder el color y entonces, darles la vuelta. Soltarán su jugo. En ese momento, verterlos en la cazuela. Continuar con la tanda siguiente hasta que estén todos hechos. Lo normal es que sobre algo de aceite.
Echar el vino y esperar a que se evapore el alcohol, salar y verter el caldo. Bajar el fuego y hacer a fuego muy suave. A media cocción echar la mitad de los ajos confitados. Si es necesario echar un poco más de caldo.
Reservar algunos ajos, los que estén mas vistosos, y echar el resto de ellos antes del último hervor.
Adornar con las láminas de ajo que habíamos reservado.
Cuando llegaron los escalopines a la mesa, mi hermana exclamó: "¡Mmmmm! ¡Filetes al ajillo!".
"No,- dije- "escalopines al vino bianco".